La aldea que vive a la sombra de Hita

Padilla de Hita no se impone en el mapa. Se descubre sin ruido.
Apenas a 6 kilómetros de Hita, por la CM-1003 en dirección a Jadraque, el terreno comienza a ondularse suavemente en el valle del Badiel y, entre lomas erosionadas, aparece el caserío.
Desde 1973 es pedanía de Hita, pero su historia es muy anterior a cualquier decreto administrativo. Padilla nació al amparo del poderoso alfoz de Hita, cuando estas tierras fueron repobladas tras la Reconquista castellana del siglo XI. Su nombre probablemente procede de alguno de aquellos primeros pobladores que dieron identidad a la nueva aldea.
Aquí no hubo murallas espectaculares ni palacios. Hubo tierra, cereal, piedra y fe.
Tierra de señoríos y nombres ilustres
Padilla quedó integrada en el Común de Villa y Tierra de Hita, una organización territorial medieval que agrupaba numerosos pueblos de la comarca.
En sus primeras etapas destacó la influencia de los López de Orozco. Más adelante, en el siglo XV, el territorio pasó a manos de los Mendoza, una de las familias más poderosas de Castilla. Entre ellos brilló el Marqués de Santillana, figura clave del humanismo castellano. Con el tiempo, el señorío quedaría incorporado al Ducado del Infantado, bajo cuyo dominio permaneció hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.
Padilla nunca fue capital de nada. Pero formó parte de la red que sostuvo el poder de una de las casas nobiliarias más influyentes del reino.

Cuando el pueblo estaba lleno
En el siglo XIX, Padilla llegó a rondar los doscientos habitantes. Era un núcleo agrícola activo, con ritmo propio y economía ligada a la tierra.
Hoy el casco urbano se recorre en pocos minutos. Pero las casas, los muros y las esquinas hablan de un tiempo más poblado.
La arquitectura popular es uno de sus mayores valores. Viviendas construidas en mampostería irregular, reforzadas con sillares en las esquinas, mezcladas con paños de adobe. Muros gruesos, pequeñas ventanas, tejados sobrios. Arquitectura nacida de la necesidad, no del adorno.
Padilla no es un decorado rural. Es un pueblo que sigue siendo pueblo.
La fuente del siglo XVIII: agua y encuentro
En la plaza destaca la fuente pública del siglo XVIII, uno de esos elementos que parecen modestos pero sostienen la memoria colectiva.
Se compone de un depósito casi esférico sobre pedestal de piedra, con cuatro caños que vierten el agua a un tazón tallado. Durante generaciones fue lugar de abastecimiento, conversación y vida cotidiana.
No hay historia sin agua. Y en los pueblos pequeños, la fuente es más que un elemento funcional: es el centro invisible del día a día.

San Miguel Arcángel: la iglesia en lo alto
En la parte más elevada del núcleo se alza la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel, dominando el caserío desde el cerro rocoso sobre el que se asienta.
Su origen se remonta a los siglos XII-XIII, en pleno románico rural alcarreño, aunque gran parte de su estructura fue rehecha en el siglo XVI. Está construida en mampostería, con sillares reforzando ángulos y torre.
La planta es rectangular, con la portada orientada al sur, buscando el abrigo frente a los fríos del norte. La torre se sitúa a poniente y la cabecera presenta testero recto.
La portada románica es el elemento más bello del conjunto.
Un arco de medio punto dovelado, con dos arquivoltas lisas, apoyadas sobre columnas de fuste sencillo y capiteles vegetales decorados con palmetas. No hay exuberancia. Hay equilibrio.
La torre, levantada en fases posteriores, se organiza en cuatro cuerpos y culmina con vanos de medio punto para las campanas. Es probable que parte de su estructura conserve restos medievales.
La pila bautismal: piedra para empezar la vida
En el interior, de una sola nave cubierta con techumbre de madera, se conserva una joya discreta: la pila bautismal románica.
Apoyada sobre un robusto fuste cilíndrico, la copa está decorada con gallones en bajorrelieve rematados por arcos de medio punto, un motivo frecuente en Guadalajara y también presente en localidades como Cifuentes o Villaescusa de Palositos.
Mide casi un metro de diámetro y más de noventa centímetros de altura. Es contemporánea a la iglesia primitiva, del siglo XIII. Durante siglos, generaciones de vecinos comenzaron aquí su historia.

San Basilio y la vida que continúa
El patrón de Padilla es San Basilio, cuya festividad se celebra el 14 de junio o el fin de semana más cercano. A los actos religiosos se suman bailes y actividades populares que devuelven al pueblo la vitalidad que tuvo en otros tiempos.
Por unos días, Padilla vuelve a sonar como cuando era más grande.
Padilla hoy
Pequeña, tranquila, integrada administrativamente en Hita desde 1973, Padilla de Hita sigue siendo un lugar auténtico. No busca impresionar. No necesita grandes monumentos.
Es una aldea con raíces medievales, ligada a la historia de Hita, al Marqués de Santillana y a los Duques del Infantado. Un núcleo donde la piedra románica convive con la arquitectura popular alcarreña.
Padilla no se visita.
Se recorre despacio.
Y cuando te vas, entiendes que la grandeza no siempre necesita tamaño.
