Bujalaro

Donde el Henares deja de ser oscuro

Escribe Sánchez Ferlosio en Industrias y andanzas de Alfahuí que
“el Henares es un río terroso que baja por las tierras oscuras y viene de las oscuras montañas”.

Y, sin embargo, en su camino hacia el Jarama, el Henares visita enclaves que son cualquier cosa menos sombríos. Lugares donde la historia, el arte y la naturaleza se conjugan con tal armonía que la luz termina imponiéndose.

Bujalaro es uno de ellos.

Un nombre islámico sobre un suelo milenario

Aunque el término municipal estuvo habitado desde la Edad del Hierro —como demuestra el importante castro celtibérico del Picachuelo—, el nombre de Bujalaro parece proceder de época islámica.

Todo apunta a la existencia de una pequeña torre o fortaleza, una Burŷ al-Hārūn, es decir, la torre de Harum. Su emplazamiento no fue casual: se situaba en una antiquísima vía de paso que ya era utilizada en la Prehistoria y cuyo trazado reproduce hoy la línea ferroviaria entre Guadalajara y Sigüenza.

Territorio estratégico, frontera natural entre la Alcarria, la Serranía y la Campiña.
Tierra vinculada incluso a las andanzas del Cid.

En el siglo XIII aparece citada como Boriaharo, aldea dependiente de Atienza aunque bajo jurisdicción eclesiástica de Sigüenza. Más tarde pasaría al común de villa y tierra de Jadraque.

Y sería en el siglo XVI cuando alcanzaría uno de sus momentos artísticos más brillantes.

La portada plateresca: una joya del Renacimiento seguntino

La iglesia de San Antón (o San Antonio Abad) guarda una de las portadas platerescas más valiosas de la provincia de Guadalajara.

Fechada en 1540 —como reza la inscripción del arquitrabe—, presenta un arco semicircular flanqueado por columnas y coronado por una hornacina con la imagen de la Virgen. Su calidad es tal que no resulta descabellado pensar en la intervención de grandes maestros vinculados a Sigüenza: Nicolás de Durango, Francisco de Baeza o incluso el propio Alonso de Covarrubias.

La piedra acusa el paso del tiempo.
La belleza, no.

El artesonado mudéjar, el gran desconocido

Si la portada deslumbra al exterior, el interior del templo sorprende aún más.

La única nave está cubierta por un extraordinario artesonado de par y nudillo, de tradición mudéjar, también del siglo XVI. Es, probablemente, la techumbre más vistosa de toda la comarca, y sin embargo sigue siendo una gran desconocida.

A ella se suma un magnífico retablo barroco de mediados del siglo XVIII, presidido por la imagen de San Antón, profundamente venerado en la localidad.

Un pueblo cuidado y sereno

Bujalaro se alza en la margen izquierda del Henares, en un pequeño vallecillo abierto por el barranco de la Fuente sobre la paramera alcarreña.

El contraste paisajístico es evidente:

  • Suaves lomas cerealistas.
  • La fértil vega con huertos, maíz y forrajes.
  • Sotos frondosos junto al río.

El caserío, compacto y dividido por la carretera, ofrece una imagen cuidada: calles empedradas, pequeñas zonas ajardinadas, fachadas engalanadas con macetas. Las casas, de mampostería y sillarejo, rara vez superan las dos alturas y se integran en el paisaje cuando aparecen sin encalar.

En la plaza —dedicada al escritor y periodista Antonio Pérez Henares— la carretera divide el espacio en dos niveles: arriba el Ayuntamiento; abajo la fuente de cuatro caños bajo la antigua estatua de un león, y al fondo la ermita de San Pedro.

A pocos metros, la ermita de la Soledad y una fuente donde refrescarse.
Más abajo, el lavadero municipal, perfectamente conservado.
Y en lo alto, las peñas del supuesto castillo que quizá nunca existió.

Nublares y la memoria viva

Bujalaro es también literatura.

Aquí situó Antonio Pérez Henares su novela Nublares, ambientada en la Prehistoria, entre cazadores y pescadores que habitarían las cuevas sobre el valle del Henares.

Y aquí encontramos también historias reales que superan a la ficción: vecinos que escriben sus memorias página a página, empeñados en que el pasado no se pierda. Cultura sin títulos académicos, pero con una dignidad admirable.

El tesorillo de Bujalaro: ecos del conflicto sertoriano

En el entorno del castro celtibérico apareció un hallazgo excepcional: un conjunto de 17 denarios, 15 romanos republicanos y 2 ibéricos de la ceca de Sekobirikes.

El denario más reciente data del año 79 a.C., lo que sitúa el ocultamiento a comienzos del conflicto sertoriano (80-72 a.C.). La inestabilidad provocada por las campañas de Sertorio y sus lugartenientes por el valle del Henares justificaría el enterramiento del tesorillo.

El castro del Picachuelo —poblado carpetano de la II Edad del Hierro—, junto a otros enclaves como Castro Nublares y la necrópolis del Alto de San Pedro, convierten el término en un espacio arqueológico de primer orden.

Bujalaro no es solo paisaje ni solo Renacimiento.
Es también Protohistoria y República romana.

Qué ver en Bujalaro

  • Iglesia de San Antón y su portada plateresca (1540)
  • Artesonado mudéjar del siglo XVI
  • Retablo barroco del XVIII
  • Plaza Antonio Pérez Henares
  • Ermita de San Pedro
  • Lavadero municipal
  • Castro del Picachuelo
  • Entorno natural del valle del Henares

Bujalaro es uno de esos pueblos que no buscan protagonismo.
No grita su historia. La susurra.

Y cuando uno camina por sus calles en una mañana fresca y clara, comprende que el Henares podrá ser terroso… pero estas tierras, desde luego, no son oscuras.